Domingo 25 de Noviembre del 2018

Redacción.

Ciento diecinueve kilómetros caminando en seis días, desde Tui a Santiago de Compostela, son muchas horas para pensar, reflexionar y llegar a conclusiones sobre ese también deambular por tu trayectoria vital y, como no, sobre el propio camino que te mantendrá durante varios días apartada del personal mundanal ruido.

Este ha sido mi segundo camino, lleno de aventuras y vicisitudes, y es cuando estaba sufriendo estas últimas cuando me paré a pensar en la aventura que estaba viviendo, esto es: me voy voluntariamente a 1000 kilómetros de mi casa, me dedico durante seis días, con frio, calor y el lógico cansancio, a perseguir, campo a través, una flecha amarilla durante la nada despreciable cifra de 119 kilómetros y ¿para qué? para llegar a mi meta, La Catedral de Santiago de Compostela, y al llegar ¿qué?, si al menos me esperaran, como a los ciclistas al llegar a meta cada etapa, dos guapos jóvenes con sendos ramos de flores dispuestos a zamparme dos besazos, aplausos, reconocimientos y fotos de rigor, que digo yo que tendría un poco más de aliciente.

Pues no, no fue así, ni flores ni reconocimentos externos, fue infinitamente más emocionante, la superación de un reto personal y espiritual, mereció la pena todo y por último la promesa de repetir la experiencia.

 

Artículo publicado el 27 / junio / 2018. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Paqui Martínez.
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