Martes 13 de Noviembre del 2018

Lola Gallego.

“¡Claro que sí! ¡Somos muchas las que ya tomamos la iniciativa de ligarnos a un hombre!”, me gritó desde el fondo una joven veinteañera. Sí, ya lo sé, gilipollas, estoy hablando con las de mi generación, joder, que no te enteras…uf!!!, las que, aunque ya no somos tan mojigatas como las generaciones pasadas, tampoco nos animemos a ligar de frente y sin miedo.


Le dije que me gustaría darle un beso. Él no pudo hacer más que casi, casi, asentir con la cabeza, ¡ni tiempo le di!, cuando ya estaba parada frente a él plantándole tremendo pico. No tengo ni idea de si todo ese show estuviera planeado, probablemente sí…, pero eso me hizo pensar en la imperante necesidad de que las mujeres tomemos (las solteras…) con nuestras propias manos las riendas del juego. Y no se trata de quitárselas a los hombres, (ni se me ocurre…¡válgame dios!) que reconozco que también es muy bonito dejarse conquistar, pero dar un primer paso, un segundo o un tercero, le relevemos, un poquitín, la enorme carga que arrastra el hombre.

La mayoría de las mujeres tenemos (yo, no, ¡que conste…!) una imaginación de corcho fantasiosa en la que mangoneamos como nos sale del mismísimo chichi a los hombres a quienes nos gustaría darles un beso. No importa si somos solteras, casadas o viudas, en todas las cavidades mentales secretas femeninas, existe una fila de tíos a quienes estrujaríamos en los brazos y besaríamos con los piececitos levantados. Pero, es obvio, no lo hacemos, primero, porque no los conocemos, segundo, porque a las que ya nos tentó el diablo… ¡pues ya nos besó el diablo! y tercero, porque las mujeres no tomamos la iniciativa.

Verán ustedes, es que las mujeres nos sentamos a esperar a que nos conquisten y no damos pie con bola, pero nos da miedo ser juzgadas en nuestro intento de liberar al hombre de tan extenuante 100% esfuerzo de una misión poco segura. El tema en este aspecto es que hay que tener cautela, porque una cosa es ser proactiva en el tonteo y, otra, una arrastrada. Hay que tener ritmo, como en la salsa y sazonar con pimienta, como en la cocina, porque si se le pasa a una la sal o el ¡azúcar!, la receta resulta un completo desastre, se nos quita el apetito, ambos a la cama sin cenar y no es plato de buen gusto para nadie.

Señoras, hay que aprender a intuir al hombre, es bien fácil, lo hemos hecho toda la vida sin darnos cuenta. Antes que nada, saber si es un caso perdido cuando no te hace ni puto caso, ni la hora te da, a estos no merece la pena que malgastes tu esfuerzo para que se percaten de que existes. Lo más importante es dejar la autoestima bien alta, saber que no es personal, unas veces se gana y otras se pierde, no seamos como ellos que tienen que lidian con esto todos los días. Por cada mujer que un hombre se liga, hay diez féminas que lo chulean y se van con el rabo entre las piernas como si acabaran de apearse de un caballo, hasta los más guapos, hay que aprender a levantarse y seguir. Eso sí, una cosa es entrarle al terreno del juego del tonteo y otra muy diferente hacerse de rogar. Ligar es coquetear, utilizar técnicas para llamar la atención del otro, pero si el hombre no hizo caso al cambio de luces en el arsenal de herramientas, entonces, levantas el chiringuito y te vas para otro lado, no te quedas ahí, humillándote en nombre de “tener la iniciativa”.

Con esto dicho, dejen las tonterías a un lado y si tanto os gusta ese hombre que no se atreve a acercarse, den el paso del terror invitándole a un café o provocando una conversación casual, aunque de casual no tenga nada…, nunca sabes en qué “animación” puedes disfrutar de un buen beso.

Por cierto, ustedes hagan lo que quieran…que yo haré lo que me dé la real gana. Besitos castos y puros,ea.

Artículo publicado el 6 / diciembre / 2014. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Lola Gallego
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