Jueves 13 de Septiembre del 2018

Manu Benitez.

 

Cogidos de la mano como aquel primer día en que si darse cuenta estaban sintiéndose la piel, acaricias prohibidas en un momento en donde sonaban las melodías de la pasión, solos con la única compañía de la luz de la luna esperando a que ambos posaran sus labios entre si como muestra de un amor perecedero en el tiempo.

Allí junto al parque de lo patos recordaban los dos su historia de amor, ahora ya pasados los años veían que mereció la pena aquel paso dado, compartían un mismo sueño, una misma ilusión y una nueva forma de ver la vida, porque ambos buscaban la felicidad no encontrada en sus vidas, nunca es tarde se decían, y por eso decidieron escribir su propia historia de amor desde aquella cálida noche

Cogidos de la mano paseaban su amor allá donde iban, sin timidez ,y mostrando descaro ante las miradas atentas a sus pasos, fieles a su amor iban abriendo poco a poco las llaves de las puertas que les iba llevando al ultimo tramo de la meta, un paraíso repleto de felicidad en donde las golondrinas se asomaban para saludarlos y cantarles su mejor balada.

Hoy estaban sentados en un banco de madera recordando aquellos momentos vividos, ya que era tiempo de echar la mirada hacia el pasado, para sentirse a gusto y ver que todo el esfuerzo había merecido la pena, sus caras estaban llenas de satisfacción y sus miradas eran el reflejo del amor verdadero, aquel en donde dos almas gemelas se encuentran en el camino de la vida, esperando a que coincidan en la misma estación para montarse en ese tren que no pasa dos veces por la misma estación. Ellos lo cogieron, compraron los billetes sin animo de volver, porque algo en el interior les decía que este era su destino, miraron hacia delante donde se oteaba su presente y futuro y caminaron juntos de la mano.

Sus rostros se ruborizaban al recordar los placeres que descubrieron entre las sabanas, el erotismo de las noches sin final y la magia del incienso que se quemaba dentro de esa habitación del deseo, hoy todavía les quedaba mucho incienso que quemar y por eso sus ojos se llamaban una vez mas, no hacia falta decir nada ya que sus retinas eran cómplices de este juego carnal.

Cogidos de la mano, como siempre desde el primer día en el que el cielo se abrió para ellos.

Artículo publicado el 25 / junio / 2017. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Manu Benítez.