Manu Benítez.

 

 

Ibiza, isla por excelencia para la diversión sin limites de miles de jóvenes que desembarcan esperando días de desenfreno, tal y como se la presentan en las agencias de viaje, o también por la continua propaganda turística que vemos en la televisión. Discotecas que llevan a las calles de Ibiza sus propios desfiles, en donde el glamour esta presente en cada uno de los artistas animando a todo visitante a acudir a ellas. Todo parece ideal para los jóvenes sino fuese porque Ibiza también es un mercado abierto para el consumo de drogas de todo tipo, ya que la máxima para la mayoría de ellos es aguantar noches y noches de fiesta sin necesidad de dormir.

Todos hemos visto vídeos de los desfases de la juventud en esta isla, y todos ellos bajo el beneplácito de las autoridades ya que no interesa económicamente pararlos o controlarlos, una vez mas se pone en la balanza los intereses económicos de un colectivo contra los intereses propios de los nativos de la isla. Lo que me revela mas de esta situación es ver como se gasta el gobiernos de turno el dinero publico en campañas de sensibilizacion para que los jóvenes digan NO a las drogas mientras que autoridades de algunas localidades aceptan que en sus calles se mercadee con ellas, quizás haga falta también una campaña de sensibilizacion para que muchos empresarios, alcaldes y concejales digan NO a las fiestas sin control.

Drogas hay en todos las ciudades pero en algunas solo hace falta que pongan carteles de “SE VENDE DROGA” , tampoco veo correcto que las autoridades permitan convertir sus localidades en lo que ya se ha denominado turismo de borrachera, lo que diferencia a Ibiza del resto, es que la isla no esta al alcance de todos, e incluso, como se ha visto hace poco, alquilar una vivienda es casi imposible, jóvenes viviendo en furgonetas, trasteros, lonjas o en cualquier hueco en donde uno se pueda tumbar, es paradójico que una isla que presume de mucho glamour luego tenga esto en sus calles.

Ibiza fue un gran paraíso en su día pero ahora es un negocio elevado a la máxima potencia en donde unos pocos se aprovechan de las ganas de diversión de una juventud que todavía no conoce los riesgos y consecuencias de las noches sin limites, todos se quedan eclipsados por las imágenes que ven en la televisión pensando que Ibiza es un santuario para la diversión sin control.

Personalmente no me gusta que España tenga la imagen de ser un país en donde en ciertas localidades esta permitido todo, ciudades sin ley en donde el turismo de borrachera ocupa sus calles haciendo que sus vecinos paguen con su salud la poca catadura moral de los que están en los sillones de las alcaldías, permitiendo que unos pocos se lucren sin parar a pensar en el daño que están causando a otras personas.

Luego pasa como en las fiestas de San Fermin, en donde desde hace años estas fiestas han degenerado tanto que ya se les fue de las manos, dejaron convertir unas fiestas en donde toda la juventud disfrutaba con tranquilidad en unas fiestas de desenfreno total, atrayendo así a esos miserables que piensan que las chicas están para satisfacerles. A veces es mejor tener un periodo de tiempo para ordenar todo, aunque no se generen muchos ingresos que dejar que la ciudad se convierta en un templo para el consumo de drogas y alcohol.

Ningún gobierno esta legitimado para responsabilizar a la juventud del alto consumo en drogas y alcohol si no pone antes a raya a los alcaldes que permiten y toleran que sus calles sean tomadas por empresarios inmorales que se lo ponen todo en bandeja a la juventud, drogas y alcohol para perder el control.

 

 

Artículo publicado el 3 / julio / 2017. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Manu Benítez.