Paqui Martínez.

¡Abuela me voy a trabajar a otro pais!, aquellas palabras retumbaban en su cabeza, “aqui no tengo futuro, hace meses que tereminé mi carrera y sigo con trabajos precarios y en los que no puedo desarrollar mis conocimientos”, no se lo podía creer, 53 años mas tarde su nieto se ve obligado a emprender el mismo camino que ella.
A sus 74 años, con su mermada memoria, quizás tendría que esforzarse en recordar los detalles de lo ocurrido un año antes, pero sí recordaba, y con toda nitidez, cuando con 21 años se despedía de su padre en aquel aeropuerto de Barajas, no sin haber pasado antes por el juzgado y la iglesia donde “por poderes” se había casado con aquel joven apuesto, el que era su novio desde los 14 años y que entonces ya su marido, después de un año de distanciamiento tras su marcha al pais de las oportunidades, la esperaba en el aeropuerto de Zurich emocionado con un ramo de flores. No estaban aquellos tiempos como para que una mujer sola y soltera emigrase a otro pais con su novio sin haber pasado antes por la vicaría.
No fue fácil adaptarse al idioma, las costumbres, ¡el maldito clima! y a la ausencia de su familia, ¡cuanto habría deseado haber compartido con su madre su primer embarazo!, cuando por fin pudo ver la carita de su niña, para ésta fue su primer pensamiento, “si yo quiero de esta forma a esta niña que acabo de ver por primera vez, nada mas que mi madre me quiera la mitad para mi ya es lo mas grande”.
El amor a su familia y el deseo de prosperar y aprovechar las oportunidades que aquel pais les ofrecía fueron más fuertes que la sensación de desarraigo familiar, la añoranza de la vida en su pueblo o la hostilidad de algunos autóctonos hacia un colectivo al que irremediablemente pertenecía, los inmigrantes.
El nacimiento de la primera de sus dos hijas les hizo comenzar a plantearse el retorno a su pais antes de que aquella niña comenzase su etapa escolar, tenía claro que si su hija se integraba en el colegio allí resultaría más dificil volver a España, tenían seis años por delante para trabajar y ahorrar todo lo que pudieran para volver a su pais con garantías de sacar adelante a su familia. Para ella fue lo más complicado, a su trabajo tuvo que sumar el cuidado de su hija, aquellos eran otros tiempos y la mujer asumía en solitario, y sin reticencias, las tareas domésticas y cuidado de la familia , por eso jamás se quejó de ello a su marido, todo sacrificio era justificado con tal de conseguir el objetivo común de retornar a su pais.
Corría el año 1971 y las noticias que llegaban de España eran bastante alentadoras, la economía comenzaba a dar resultados, en buena parte debido al capital que inyectaban los inmigrantes retornados. Y ese camino de vuelta se hizo realidad, y con el sacrificio y los ahorros de 12 años volvieron a la tierra que les vió nacer a probar fortuna con un negocio.
No fue fácil al principio, el fantasma de volver a Suiza les rondó la cabeza en varias ocasiones, pero una vez en su pais sentían la necesidad de seguir luchando hasta el final de sus días para que ni ellos ni sus hijos tuvieran que volver a recorrer su mismo camino.
Ella que vió como su pais resurgía de sus propias cenizas, ella que vió como su pais se modernizaba y sus hijas se desarrollaban en una sociedad mas igualitaria que la que a ella le había tocado vivir, ella que tanto había luchado por que sus hijas y nietos tuvieran oportunidad de formarse al más alto nivel. Hoy recorren lágrimas por sus arrugadas mejillas, maldice a todos los políticos, los que le han robado el sacrificio de su pasado y el futuro de sus nietos.
No le sale de la cabeza: ¡Abuela me voy a trabajar a otro pais!.

Artículo publicado el 8 / marzo / 2015. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Paqui Martínez.
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