Domingo 14 de Enero del 2018

Lola Gallego.

Hoy intentaré alegar menos desde una postura animalista y más desde la que me dicta mi condición humana sobre la opinión que tengo de las “figuras” que muchos españoles defienden, respetan, alaban e incluso veneran y siguen en sus despreciables ideologías sobre la “fiesta Brava” y no contentos con esto, la denominan soberbiamente “la fiesta más culta del mundo”, sin respeto, conciencia ni compasión hacia un animal tan hermoso y noble como el toro.
Rechazo radicalmente la postura de cualquier persona o colectivo que aplaude sin la más mínima misericordia la tortura a la que es sometido este animal utilizado para la lidia. Cuando y sin el menor pudor lo agreden con hierro ardiendo y ácido para ponerle un número… No hay arte ni belleza en contemplar los vómitos de sangre, los mugidos de dolor de un animal aterrorizado, torturado paulatinamente hasta morir. No hay arte ni belleza en esa música oportuna para tapar los bramidos desgarrados del toro. . La crueldad hacia este animal es extrema.
Me avergüenza profundamente que algunos representantes de diversos sectores de esta, nuestra soberana y cornuda España, incluyendo el Gobierno y la Iglesia católica, tengan la desfachatez, ante unas ideologías retrógradas e inamovibles que defiendan estas costumbres salvajes e inhumanas.
La Iglesia falla a la hora de interpretar a Jesús, el dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, jamás leí en ningún libro, supuestamente sagrado, la cita: “Ama a tu prójimo humano como a ti mismo”, claramente antropocentista y anquilosado hasta el tuétano en sus conceptos, como también erra en que los animales son “subordinados al hombre, y este como señor de la creación, (pensé que el señor de la creación era Dios…) puede y debe disponer de todos los animales, vegetales y minerales de la creación, de manera correcta”. Lo que me pregunto es, ¿dónde queda la compasión de la Iglesia?, siendo la compasión, se supone, una de las mayores enseñanzas de Jesús.
Por otra parte, tampoco entiendo la postura de nuestro gobierno. Hablan de todos los empleos que dependen de dicha industria, lo mencionan siempre cuando defienden la denigrante “fiesta nacional”, indicando que es una fuente importantísima de empleos y “magníficos espectáculos”. Pues no, señores míos, si lo miramos así, ¡discrepo!, que si de generar empleo se tratara, la prostitución infantil, la trata de personas, el narcotráfico y demás industrias ilícitas, también generan empleos y no por ello es un argumento válido para que se apruebe su legalidad, ¡Sólo faltaba!
No soy católica, aun así, intento respetar a sus representantes y feligreses, sin embargo, sí me preocupa sobremanera que una entidad tan emblemática y problemática como la Iglesia católica, después de todos los escándalos que ya ha protagonizado, se dé el beneplácito de ir a favor de la matanza de un animal inocente, apoye y califique como “culto” el acto en el que se masacra a un animal mientras el público se emborracha de sed de sangre como auténticos psicópatas e ir contra la necesaria evolución de una sociedad más humana, que poco a poco, rechaza y prohíbe este tipo de espectáculos que agreden a los animales.
Así que, aunque todos los que aman la fiesta brava pataleen, lloren o se revuelquen en manifestaciones, incluso se rompan los cuernos en el parlamento, esta terrible y sanguinaria práctica quedará irremediablemente impresa en los capítulos más negros de la historia española, como una de las más horrendas barbaridades que cometemos las bestias cuando dejamos de ser humanos. Y lo mínimo que una espera, si es que no queremos ser unos auténticos cornudos haciéndoles compañía a la tauromaquia en los libros de historia y nos sintamos avergonzados ante la generación venidera, será mejor, que entre todos y todas, incluyendo el Gobierno y la Iglesia, empujemos a la sociedad a evolucionar hacia un mundo más compasivo hacia los animales.

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Artículo publicado el 8 / enero / 2015. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Lola Gallego
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