Lunes 26 de Noviembre del 2018

Paqui Martínez.

Cada día se hace más dificil expresar una opinión sin que nadie se ofenda.

Hacer un comentario público, especialmente en las redes sociales, se ha convertido en un acto de valentía, máxime cuando se trata de debatir sobre determinados temas:

Si la conversación versa sobre identidad de género es muy fácil que a lo largo del debate alguien se sienta ofendido y acabe etiquetándote de machista, feminista u homófobo. Si hablamos de inmigración, esta claro que a alguien le colgarán el “sanbenito” de ”xenófobo”. Por no hablar del conflicto catalán en el que aparecerán con toda seguiridad epítetos como sedicioso, fascista, opresor y un larguísimo etcétera.

“Homofobia” o “ xenofobia”, por poner un ejemplo lingüistico, palabras de origen griego que desde hace relativamente poco tiempo se ha generalizado su uso, en estos casos expresan la radicalización de las opiniones en la figura de “el ofendido”, ese sujeto que personaliza en sí mismo cualquier comentario contrario a su opinión, respondiendo a su interlocutor con un ataque personal en la terminología que aludía en líneas anteriores, y adiós debate.

Llegados a este punto sólo caben dos opciones: que los sujetos debatientes pasen a enzarzarse en una inútil y agotadora retahila de calificativos, o en la retirada de uno de los interlocutores en un renuncio a su libertad de opinión en base al conocido refrán: Si uno no quiere dos no discuten.

No sabría cuantificar hasta qué punto es la radicalización de las posturas en las que un interlocutor presume una voluntad de ofensa, inexistente por mi parte, o el bajo nivel de los participantes en debates, que repiten consignas sin mas argumentos que sentirse ofendidos, lo que ha provocado mi retirada de según qué foros públicos;  en lo que se traduce en una autoimpuesta censura a mi libertad de opinión. Estoy convencida de que es el propio sistema el que provoca esa “autocensura”, mucho mejor aceptada para la ciudadanía que la impuesta oficial y dictatorialmente, la libertad de opinión puede llegar a ser molesta.

Y es que cansa ya tener que ser ajusticiado y etiquetado por salirte del pensamiento único, el de lo políticamente correcto. Seguiré leyendo y oyendo todas las opiniones diferentes a la mia, continuaré sacando de éstas mis conclusiones y guardaré mis opiniones para otros foros, sin voluntad de ofender, siempre.

Decía Sánchez Dragó: “La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio”.

Artículo publicado el 12 / noviembre / 2017. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Paqui Martínez.
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