Domingo 25 de Noviembre del 2018

Lola Gallego.

¡Dios, qué país! Y la hipócrita polémica que causa el derecho a morir dignamente. A ver, ¿qué demonios le importará al vecin@ si uno o una ya se quiere morir? Pues miren ustedes, que va a ser, que estoy de acuerdo con las leyes de países como Suiza, Bélgica y demás, que aprueban la muerte asistida y que nosotros hacemos de este tema otro motivo más para cotillear, opinar y decidir sobre la vida y muerte de los demás, en la que los españoles somos auténticos profesionales, faltaría más.
Aquí, en nuestra querida España, haciendo honor a su doble moral, la eutanasia pasiva, activa, directa, indirecta, voluntaria, involuntaria, distanasia, ortotanasia, eugenesia…no está bien vista, por lo menos en humanos… (Excalibur aparte, que me veo venir algún@s…) y este batiburrillo de términos ha “enmierdao” el único debate que debería haber: el derecho a disponer de nuestra propia vida con un final digno. Porque si una persona ya no quiere vivir, por el motivo que sea o porque simplemente quiere morir, no se le respeta el digno derecho a decidir cómo y de qué forma acabar con su vida. Y no, no es que esté a favor del suicidio, de hecho soy una gran enamorada de la vida y lucharé como una guerrillera hasta el final. Sin embargo, así como yo tengo derecho a luchar por mi vida, también le concedo el derecho a cualquier persona si decide pelear por morir con dignidad.
Atentos a este detalle hipócritamente irónico; Nos pasamos la vida deseando la muerte, como mínimo, a todo hijo de vecino por la más mínima causa o motivo y cuando él lo decide libremente ¡eureca, defendemos hasta la muerte su vida! Pasamos del odio al amor en un santiamén, nunca mejor dicho. Pero aquí estamos todos, esa masa indignada que se esconde detrás de la palabra diplomática de “sociedad”, queriendo meter la cuchara en toda sopa ajena, hasta en la muerte del prójimo que ¡manda cojones! Y la gente opina que ¿cómo es que van a permitir que una persona se muera, si el valor de la vida es lo más importante que tenemos?
Lo cierto es que cada quien es responsable y dueño de sí, pero manipular anímica o emotivamente la realidad de quien desea no seguir viviendo, es un error, además de egoísta. Hay lucha por la vida cuando se combate, pero siempre se combate para ganar, no para perder. Creo firmemente en el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla. En Bélgica, por ejemplo, no existe un sistema universal público, la mayor organización de servicios médicos es Cáritas, y son ellos a través de los más de 50 de hospitales, residencias médicas hospitalizadas y otros centros que gestiona, la que practica la eutanasia, ¡¡¡ SÍ, CÁRITAS !!! Lo han leído perfectamente queridos columnistas, lectores y vecin@s PRO-VIDA de misa a las 10 que están leyendo mis líneas indignad@s, no se me alboroten y despotriquen sapos y culebras a sus santas parejas por mi atrevimiento, así como ustedes valoran su vida, hay quienes la valoramos de otra manera y el sagrado derecho de cada quien a morir con dignidad, si así lo decide. ¿De qué se sorprenden tanto? el mismo significado de la palabra que abanderan lo explica todo…Fue Pío XII quien quiso que el servicio de la caridad de la Iglesia se llamase así en todos los países. La palabra CARITAS proviene del latín y significa AMOR.

La legalización de la muerte voluntaria asistida y con dignidad en España, posiblemente sea otro caos en nuestras leyes tercermundistas y probablemente, si quiero morir, no me quede más remedio que pegarme un tiro o pagar el billete a Suiza o a Bélgica, donde con una buena dosis de Pentobarbital de sodio pueda acceder a una muerte digna, segura, tranquila y en paz.

¡¡¡ Que manda cojones, que hasta para morir dignamente haya que tener dinero, coño !!!
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Artículo publicado el 25 / diciembre / 2014. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Lola Gallego
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