Lola Gallego.

No creo en el punto. Ni seguido, ni dos puntos: ni punto y coma; ni punto y aparte. Y mucho menos el punto y final. Del punto “G” ni hablamos hoy… Y aunque todos juntos, estos signos gramaticales formen un tándem envidiablemente literario, yo adoro y me quedo con mis endiablados puntos suspensivos y punto, aunque utilizarlos suponga emplear la innata inteligencia femenina para que mi rebelde pluma pueda convertirlos en algo más que pelotitas que devuelve la pared de un ping-pong en las mentes más perversas y retorcidas… Aún así, no puede ser de otra manera, me gustan estos desafiantes puntos, soy fiel y leal a ellos.

Para mí, escribir es transmitir emocionantes sensaciones, y estos endiablados puntos saben de lo que hablo, siento y al final plasmo en un papel. Son mis cómplices… crean con sus puntitos suspense y algunos desenlaces inesperados… Van, vienen, se divierten como mocosos rebeldes granujillas jugando al escondite, y que, a veces, ¡puñetera la gracia que tiene el juego! pero en fin… lo sé, y es lo que hay. En los tres puntos suspensivos está el demonio al acecho, dudando si entrar o no en el texto… ¡¡¡ Si mis diablillos puntitos juguetones hablaran !!! uf, rellenarían con letras las interpretaciones de las personas a las que van dirigidos… ¡o no…! Donde cada lector y lectora, coloca a discreción mis puntitos indiscretos… ¡o no…! entrelíneas indirectas… ¡o no…!

Pero… no nos confundamos, lectores, es la república independiente de mi pluma quien coloca los dudosos puntos suspensivos para hacerte sentir sensaciones que no esperas… Es ella quien te mata o te hace el amor entrelíneas, es ella y sólo ella, la causante y responsable de ese caos que provoca que deje a punto de caramelo el borde de tu vientre con mi lengua como pluma, y escriba el más sutil de los textos para provocar la sensación de tu orgasmo… Lola, para, ¡que no toca el punto “G” hoy, no sea que alguien coja el puntillo…! Bueno, a lo que iba, decía que no es personal… os lo aseguro… ella va por libre, yo sólo la dejo fluir como un río cargado de tinta roja que cuando se desborda, crea un afluente natural, en ocasiones salvaje, no lo niego, pero hasta ahí, sin más…

Y es que verán ustedes, lo he repetido por activa y por pasiva, hasta la saciedad lo he dicho, en público y en privado… ¡uf, si yo les contara…! lástima que a algunos no les quede espacio en el cerebro para asimilar que: “No soy lo que escribo… SOY lo que TÚ SIENTES cuando me lees…” y que hay un universo de posibilidades de interpretar lo que escribo… lo que quiero escribir… lo que creo escribir… lo que quieres leer… lo que lees… lo que crees entender… lo que entiendes… o lo que te conviene entender… Un cacao mental que hace que dichos puntitos impiden que no entendamos… Y aún así, ustedes dudan de mis castos e inocentes puntos suspensivos… en fin.

Artículo publicado el 14 / febrero / 2015. En la categoría: ColaboradoresEn la categoría: Lola Gallego
Etiquetas: